viernes, 24 de octubre de 2014

Te presentamos una completa investigación sobre las consecuencias y antecedentes que, hoy en día, mantienen a varias especies de animales en peligro inminente de extinción en México.

En México hay varias especies animales en peligro de extinción.  El jaguar es una de ellas y se está yendo de lo que queda de selva del sureste mexicano. Sus rugidos ya no interrumpen los murmullos del bosque y sus pasos silenciosos y huellas en el fango disminuyen. Los jaguares se pierden ante el avance de la presión humana. Los ejemplares que quedan son unos cuantos y un mal día, sin que nadie lo note, habrá desaparecido el último detrás de las cortinas de ramas y malezas; se irán por la sombra, como fantasmas.

Ése es el destino que espera a los numerosos animales clasificados como especies en peligro de extinción, situación que viven lamentablemente 11,167 especies de animales y vegetales en el entorno mundial, según señala la Lista Roja de la Unión Mundial para la Naturaleza, UICN. La institución advierte en su último recuento que “muchas especies están disminuyendo a niveles de población críticos”, y subraya que “la pérdida de la diversidad biológica es una de las crisis más apremiantes del mundo”.

La preocupación sobre el estado de los recursos aumenta del naranja al rojo. En México muchos animales, además del jaguar, se encuentran en peligro de extinción. Es preciso hacer un inventario frecuente de la cantidad de especies amenazadas y medir la dramática velocidad que está adquiriendo el ritmo de extinción.




LA EVOLUCIÓN A SALTOS BRUSCOS
En la naturaleza la estricta relojería de la evolución, que marcó la entrada y salida de cada especie, se está acelerando. Unas fueron haciéndose a un lado para que progresaran otras, mejor adaptadas; pero ahora hay mano negra, la del hombre, ese animal cuya especie está modificando el tic tac del reloj y sin rubor se está deshaciendo de todas las demás especies.

Al parecer sólo quiere dejar espacio para que siga aumentando vertiginosamente la población de animales domésticos y sus congéneres, y expulsar del paraíso a los animales salvajes, provocando con ello una catástrofe ecológica en el mediano plazo.

Lo más lamentable de la extinción es que cuando muere el último individuo de una especie, con su cadáver se sepultan las innumerables adaptaciones que se produjeron a lo largo de millones de años. De esto la historia registra varios ejemplos trágicos, como la desaparición del dodo (Raphus cucullatus) en la isla Mauricio, cerca de Madagascar, un ave de gran tamaño que fue acosada y aniquilada en unos cuantos años, o la paloma migratoria (Ectopistes migratorius), de plumaje azul, rojo y blanco, que fue cuantiosa hasta el siglo XIX.

Se estima que sólo en América del Norte y parte de América Central hubo más de dos mil millones de palomas que surcaban los cielos y poblaban los árboles, pero en la última década de ese siglo y debido a la destrucción sistemática de su hábitat, el bosque, apenas quedaron unas cuantas que fueron cazadas por su carne, tan apetecida.

La marcada reducción de la especie la volvió tan vulnerable a las enfermedades que cuando se prohibió su caza ya era demasiado tarde; las poblaciones habían mermado tanto que no pudieron recuperarse. En 1900 murieron los últimos ejemplares que vivían en libertad y el 1 de septiembre de 1914, a las 13:00 pm, la última paloma cautiva en el Zoológico de Cincinnati, llamada Martha en honor a la esposa de George Washington. Es el único caso documentado de extinción de una especie de la cual se conoce con detalle la fecha y hora exacta de su desaparición.

ANIMALES EN PELIGRO DE EXTINCIÓN: ¡SÁLVESE EL QUE PUEDA!
En México otro pájaro, el hermoso carpintero imperial (Campephilus imperialis) salió de escena con menos dramatismo, pero, como todas las pérdidas, dejó un hueco difícil de llenar. Era el carpintero más grande del mundo, de 51 a 56 cm de largo. Los machos ostentaban una llamativa cresta roja que terminaba en punta, mientras las hembras una cresta negra que se curvaba hacia delante. Su último registro fue en Durango en 1956. Aunque la fecha de extinción no es tan precisa; se estima que ocurrió entre 1946 y 1965.












Pero, no todos los casos históricos deben anotarse en el renglón de las pérdidas. Hasta la fecha se hacen esfuerzos para impedir que desaparezca el lobo gris americano (Canis lupus bailey), que en la actualidad sólo existe en cautiverio. Como parte de un programa para preservarlo creado en 1980 entre Estados Unidos y México, se pueden ubicar 200 descendientes de cuatro individuos fundadores.

Estas mismas medidas no se han podido llevar a cabo con otros animales que se han ido para siempre del territorio mexicano y de la Tierra –¿al Limbo?–, como el oso gris, el periquito de Carolina y la rata canguro de San Quintín.



LA COPIOSA BIODIVERSIDAD DE MÉXICO
México es uno de los cinco países que pueden preciarse de una diversidad biológica abundante. Así, puede decirse que es megadiverso, lo que significa que la superficie nacional es privilegiada en lo referente a tipos de ecosistemas, así como al número y la variación genética de las especies.

En la república mexicana se encuentra 10% de las especies existentes en el planeta, de las cuales alrededor de 50% son especies endémicas, y su existencia se limita a una determinada zona. Lo demuestran las 1,681 especies de mamíferos, las 1,054 especies de aves –más de las que habitan en Estados Unidos y Canadá juntas– y las 704 especies de reptiles, 51% de ellas endémicas, por tanto cabe destacar con excepción de Australia no hay otra región en el mundo que cuente con tantas.

En la fauna endémica se encuentran rangos de distribución muy restringidos, limitados a una isla o a una determinada región del país, como por ejemplo el charal tarasco (Chiostoma charari), al cual sólo se le conoce en un pequeño lago alimentado por el manantial La Mintzita, situado a ocho km al oeste de Morelia.

Pero la riqueza de la biodiversidad de México no es infinita. Últimamente se ha visto muy mermada y año tras año se puede apreciar con fotos aéreas e imágenes desde el espacio cómo desaparecen selvas, bosques y otros tipos de vegetación nativa que ponen al borde de su existencia a una creciente cifra de animales asociados a ella. De esta manera, la situación se torna cada día más delicada, pero como aún no se nota tanto la gente hace como que no ve, como que no oye, como que no siente... Pero, ¿hasta cuándo? ¿Hasta que sea tarde?

LOS OTROS ANIMALES EN PELIGRO DE EXTINCIÓN EN MÉXICO
Ante una realidad que ya no puede ocultarse, el gobierno mexicano está tomando cartas en el asunto. Ya identificó las especies o poblaciones de flora y fauna silvestres que se encuentran en las diferentes categorías de peligro de extinción a lo largo y ancho del territorio nacional y a partir de esta información elaboró una serie de listados para mediante la aplicación de un método evaluar el riesgo en el que se encuentran algunas.

Mediante la creación de leyes la autoridad procedió a proteger a todos los “mexicanos amenazados”. La Ley General del Equilibrio Ecológico y la Ley General de la Vida Silvestre sirven para este propósito. Asimismo, ha definido una serie de categorías para unificar criterios.

De acuerdo con la Norma Oficial Mexicana, NOM-059-ECOL-2001, cuando se hace referencia al peligro de extinción se trata de aquellas especies cuyas áreas de distribución o tamaño de sus poblaciones en el territorio nacional han disminuido drásticamente poniendo en riesgo su viabilidad biológica en todo su hábitat natural, debido entre otros a factores como la destrucción o modificación drástica del hábitat, aprovechamiento no sustentable, enfermedades o depredación.

En la NOM de 2001 se mencionan 221 animales en peligro de extinción. Entre ellos destacan 43 especies de mamíferos, 72 de aves, 14 de reptiles, seis de anfibios, 70 de peces y 16 de invertebrados. Cabe señalar que la lista es un intento para aproximarse a la realidad, pues existe una revisión continua de acuerdo con un mayor y mejor conocimiento de la flora y la fauna de México.

Respecto de las especies endémicas en peligro de extinción, se pueden enumerar ocho de invertebrados, 62 de peces, cinco de anfibios, cinco de reptiles, 38 de aves y 17 de mamíferos, de acuerdo con la NOM-059-SEMARNAT-2001.

CAUSAS Y POSIBLES SOLUCIONES
Si bien la civilización ha creado el problema, es también la más indicada para impedirlo. Su intervención será necesaria para evitar que tanto los mamíferos y las aves, como las tortugas que se detallan a continuación, no pasen a convertirse en piezas disecadas dentro de una vitrina de un museo de historia natural.

Entre los mamíferos en peligro de extinción destacan:

El oso hormiguero, brazo fuerte, chupamiel (Tamandua mexicana), que vive en las zonas tropicales desde Michoacán en la vertiente del Pacífico y la Huasteca potosina en la vertiente del golfo hasta Chiapas y la península de Yucatán. Habita los bosques tropical y mesófilo de montaña, y los manglares.
El armadillo de cola desnuda (Cabassous centralis), que se encuentra exclusivamente en las zonas de acahuales y pastizales de la Selva Lacandona de Chiapas.
El multicitado jaguar (Panthera onca), que habita en los planos costeros y en las áreas montañosas a lo largo de ambas vertientes desde el sur de Sinaloa y el centro de Tamaulipas hacia el sur y el sureste por el istmo de Tehuantepec hasta la península de Yucatán. Se puede hallar en manglares, el matorral xerófilo y en los bosques tropical, mesófilo de montaña, espinoso, y el de coníferas y encinos.
El manatí (Trichechus manatus), que se encuentra en los estados de Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Campeche, Yucatán, Quintana Roo y Chiapas. Vive en ríos, arroyos, lagunas, cenotes costeros y marinos, caletas y bahías adyacentes al mar.
El mono araña (Ateles geoffroyi), que puede ubicarse en los bosques tropicales, selvas altas y medianas de Veracruz, los manglares de Chiapas, en las zonas de selva baja y en los petenes en Yucatán.
El saraguato (Aloutta pigra), que habita desde la península de Yucatán hasta Belice y Guatemala; vive en el bosque tropical perennifolio, incluye selvas lluviosas, bosques de galería y bosques mesófilos. 
El mono aullador (Aloutta palliata), que habita en México desde Los Tuxtlas, en Veracruz, hasta la Sierra de Santa Marta en Chiapas y cerca de Juchitán, Oaxaca.


El ocelote (Leopardus pardalis), distribuido a lo largo de las planicies costeras del Pacífico y del Golfo de México, desde el estado de Sinaloa y Tamaulipas hacia el sur, incluso en la península de Yucatán.
El perro llanero mexicano o perrito de la pradera (Cynomys mexicanus), una especie endémica correspondiente a una pequeña región de valles y pastizales de la montaña ubicada entre los límites de los estados de Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí y Zacatecas.
El teporingo (Romerolagus diazi), correspondiente a una especie endémica sólo localizada en las laderas de las montañas del sur y sureste del Valle de México y en el Nevado de Toluca. Habita bosques y zacatonales subalpinos y alpinos a los 3 000 mil a 4 300 m de altura.
El tigrillo (Leopardus wiedii), que se distribuye en las zonas costeras del Pacífico y del Golfo de México desde Sinaloa y Tamaulipas hacia el sur y en la península de Yucatán. Se localiza en el bosque tropical, en manglares y en el mesófilo.
La vaquita marina (Phocoena sinus), endémica de México, vive en el Golfo de California.
Entre las aves están el águila arpía (Harpia harpyja), el águila cabeza blanca (Haliaeetus leucocephalus), la grulla blanca (Grus americana), la chara garganta blanca (Cyanolyca mirabilis), la cigüeña jabirú (Kabiru mycteria), la cotorra serrana occidental (Rhynchopsitta pachyrhyncha), la guacamaya roja (Ara macao), la guacamaya verde (Ara militaris), el halcón peregrino (Falco peregrinus), el loro cabeza amarilla (Amazona oratrix), el pato realel (Cairina moschata), pavón (Oreophasis derbianus) y el quetzal (Pharomachrus mocinno).


Las tortugas, por su lado, enfrentan en las playas mexicanas todo tipo de riesgos que las llevan a la orilla de la extinción. Entre ellas se encuentran la tortuga marina cauama (Caretta caretta); la tortuga marina verde del Pacífico o tortuga prieta (Chelonia agassizi); la tortuga marina verde del Atlántico o tortuga blanca (Chelonia mydas); la tortuga almizclera chopontil (Claudius angustatus); la tortuga riverina centroamericana o tortuga blanca (Dermatemys mawii); la tortuga marina laúd (Dermochelys coriasea); la tortuga marina de carey (Eretmochelys imbricata); la galápago de Mapimí (Gopherus flavomarginatus); la tortuga marina escamosa del Atlántico o tortuga lora (Lepidochelys kempi); y la tortuga golfina escamosa del Pacífico (Lepidochelys olivacea).


¿POR QUÉ SE VAN?
Por desgracia, las actividades humanas no son compatibles con la vida salvaje y son las que más amenazan a la fauna y la flora. Los entornos se fragmentan y con ellos caen y se degradan los ecosistemas. A la tala de árboles le sigue de inmediato un insidioso proceso de erosión y poco después ocurre una serie de modificaciones que reducen los bienes y los servicios ambientales, lo cual sumado propicia la extinción de los animales residentes en la zona.

De un año a otro se derriban 600 mil has de selvas, bosques y otros tipos de vegetación nativa en México equivalentes a la desaparición de un campo de fútbol por minuto. La mayor parte de esta destrucción se justifica aduciendo fines económicos, como destinar tierras a cultivos o pastizales. Se puede afirmar que estos últimos son los enemigos declarados de los ecosistemas. También hay que agregar a la lista los incendios.



De esta manera, tanto la agricultura como la ganadería resultan particularmente destructivas. Adicionalmente, los lagos y los ríos están contaminando el entorno con sedimentos que arrastran con la fuerza de la lluvia y el viento.

A este frenesí de barbarie se añaden las actividades ilegales, como la compraventa de animales silvestres y la cacería furtiva. La enorme demanda de aves exóticas con fines decorativos para residencias y hoteles ha disparado el comercio clandestino y las ha convertido en mercancías codiciadas, por lo que su futuro es incierto, con graves consecuencias para las poblaciones y los ecosistemas.

Es frecuente encontrar en los periódicos notas como la siguiente, que fue tomada al azar: “El día de hoy, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, PROFEPA, decomisó 19 ejemplares de fauna silvestre, algunos de ellos catalogados como ‘en peligro de extinción’, provenientes de Oaxaca, Yucatán, Chiapas y Campeche en mercados ambulantes de Atizapán y Nicolás Bravo, Estado de México”. Da un vistazo al periódico y también encontrarás notas semejantes casi todos los días.

¿ES ADECUADA LA PROTECCIÓN?
Aunque la destrucción de bosques y selvas para convertirlas en tierras de cultivo y pastizales con el fin de satisfacer al aumento desmedido de la población no se presenta ahora más que como un drama a punto de convertirse en una pesadilla, el gobierno mexicano, en coordinación con instituciones académicas y organizaciones no gubernamentales realiza esfuerzos para recuperar las especies en peligro de extinción.

Ahora no sólo se investiga, también se toman acciones concretas para controlar o erradicar los factores que provocan los problemas que contribuyen a la disminución de las poblaciones de estos animales. De hecho se han firmado convenios con varios países, como el de Diversidad Biológica de 1992, del cual surgió la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO).

Esta institución trabaja codo con codo con los científicos mexicanos; fomenta la investigación, recopila los datos producidos a lo largo de décadas por los científicos para ponerlos a disposición del público interesado en el tema y en la difusión del conocimiento.

La Comisión apoya la realización de proyectos, de los cuales ya más de mil se han impulsado y de ellos más de 200 han considerado entre sus objetos de estudio alguna o varias especies en peligro de extinción, como la salud de la vaquita, el hábitat del borrego cimarrón, el berrendo y el puma; la preservación de la guacamaya escarlata y la publicación del libro Las aves de México en peligro de extinción, de Gerardo Ceballos González.

CONABIO se empeña por informar mejor a la sociedad acerca de los riesgos que implica la desaparición de una especie, ya que este fenómeno nunca ocurre de manera aislada. Cuando se extingue una especie mueren con ella diez más que quizás ni siquiera están registradas.

Otra supervisión importante la brinda la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), que intenta controlar el tráfico ilegal de animales y plantas protegidas para evitar que las acciones no constituyan una amenaza para su supervivencia.

ESPECIES EN PELIGRO DE EXTINCIÓN, UNA PREOCUPACIÓN COLECTIVA
Si bien es cierto que ha aumentado el interés de la sociedad por participar en el rescate de la vida silvestre, sólo una parte muy pequeña está consciente del tamaño del problema y su importancia. Poco aporta que las personas de la ciudad simpaticen con los animales del bosque y emprendan campañas y contribuciones económicas para evitar la tala de árboles, si la dicotomía persiste y la falta de control continúa presionando las zonas protegidas. Lo cierto es que mientras la actividad en el campo sea incontrolable y bajo una nube de pretextos se hieran más los espacios de la diversidad, la perspectiva es catastrófica.

La conservación de las especies debe ser una actividad que ocupe y preocupe a todos y debe ser ahora, cuando aún hay tiempo. Pero de una manera concertada, porque es inútil salvar una especie mediante las sofisticadas técnicas de crío-preservación del material genético para su futura reproducción, si los bosques, selvas o ríos donde moraba ya no responden para sustentarla, sea porque están completamente devastados o que el ecosistema ya no da más de sí.

Cada quien tiene mucho que aportar porque es preciso cuidar lo que resta de la biodiversidad y mantener los bosques y las selvas. ¿A quién sirve una tierra yerma donde la flora y la fauna solamente quedarán como un recuerdo? Un vacío sin rugidos, cantos ni gritos de alarma, sino un erial poblado de fantasmas.






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